Introducción

Recuerdo bien lo que estaba haciendo cuando empezó el apocalipsis: estaba durmiendo, lo cual es un comienzo bastante anodino, pero en realidad medio mundo debía estar haciendo lo mismo que yo. Los que dicen haber visto una aurora o algo así… viven un falso recuerdo, una fantasía compartida.

Pero un día te levantas para trabajar en tu vida normal... y no funciona nada. Crees que es un apagón o algo así… pero ni siquiera sale agua del grifo. Esto es porque los grupos de presión cayeron con todo lo que funcionara con electricidad, dicen que eso es un EMP o una llamarada solar. La verdad es que da igual como lo llames, la verdad es que es bien jodido.

Que no haya agua en las ciudades es un evento de mierda. En muy pocas horas había cundido el pánico, y todos estábamos asaltando los supermercados, o asaltando a otros simplemente para poder sobrevivir. ¿Comida? La comida tardaría más días en ser un problema.

Y lo hubiera sido de no ser por la violencia. Lo que se siguió fueron momentos de una violencia desatada. Fue como si todo lo que nos habíamos estado reprimiendo quedara liberado, y nuestros instintos más miserables salieran a flote.

Yo creo que en verdad ya estábamos todos locos, con todo el trabajo esclavo del tercer mundo, las diferencias de riqueza y toda esa mierda… pero era algo que teníamos lejos, nadie se sentía responsable. Sin embargo cuando la violencia explotó, solo había dos tipos de personas: los depredadores y las víctimas.

No sé decir en cuántos días tardamos en pasar de miles de millones a… ¿decenas de miles? Solo los militares pugnaron por conseguir cierto orden, y ni siquiera eso duró demasiado. En un par de semanas se había disparado casi toda la munición de la tierra.

En muy pocos meses nos dimos cuenta de que habíamos olvidado prácticamente todo lo que era relacionarse con la naturaleza. Desprovistos de los complejos sistemas modernos, no éramos capaces de potabilizar el agua o garantizar los cultivos. Muchos ni siquiera eran capaces de encender un fuego.

Los únicos que podrían haber desarrollado un nuevo principio, los miembros de las comunidades rurales, corrieron una suerte idéntica al resto: fueron los primeros en caer en las manos de las actuales bandas, tan hambrientas de comida como excitadas por la sangre.

Fue como dejar a un niño en una fábrica de petardos. Nosotros nos creíamos en el pináculo del pensamiento, pero en realidad éramos menores de edad, personas incapaces de valerse por sí mismas, mutilados emocionales, adictos a la tecnología necesitados de electricidad para cagar y prozac para soportar nuestra miserable existencia.

Ya entonces se empezaba a intuir que en toda esa degeneración mental había una fuerza psíquica que ni cinco años más tarde hemos empezado a entender. Probablemente nunca lo lleguemos a hacer, sino que simplemente sea otro arma con la que finalmente nos acerquemos a extinguir.

Y obviamente apareció la religión. No como en el viejo mundo, de una forma organizada, con iglesias y estructuras y demás. No, eso se había acabado, y lo que nos tocaba era más parecido a locos predicadores y fanáticos suicidas que tipos intentando quedarse tu dinero. Ahora cada cretino puede tener una religión, y no tiene que justificar ante nadie sus milagros macabros.

Y un día, uno o dos años después, una se da cuenta de que ya no hay niños. Evidentemente todas las familias que intentaran responsabilizarse de sus hijos fueron las primeras en caer… pero peor que eso… no hay ningún recién nacido. Claro, ¿cómo iba nadie a llevar siquiera un embarazo a término en un entorno tan peligroso?

Pero no es lo único que vaticina el fin de la humanidad. Desprovistos de los medios de producción, y continuamente asediados por las bandas, nadie ha podido desarrollar ningún tipo de agricultura ni de ganadería. Vivimos de lo que el viejo mundo dejó guardado, y ni siquiera eso va a durar mucho tiempo.

No sirve de nada preguntarse por cómo era el mundo antes del apocalipsis. Ahora solo hay locos depredadores dispuestos a cargarse a víctimas frágiles. Todos somos depredadores, y algún día todos seremos víctimas.

Todo es frágil.

Sistema

fRáGiL utiliza una simplificación del sistema STEN, el Sistema Táctico de Espada Negra. Ésta da lugar a vibrantes aventuras en las que los grupos de personajes no son para nada estables, de manera que, como tras el apocalipsis, no es necesario que cada jugador aparezca en todas las sesiones.

Dentro de esta tendencia, fRáGiL incorpora también numerosas mecánicas que despiertan una sensación dinámica a la vez que opresiva, como la que permite el cambio de "máster" en cualquier partida.

Además, algunas de las mecánicas más complejas han sido simplificadas, de manera que cada jugador puede realizar un personaje en apenas unos minutos. Las mimas dinámicas de ventajas y anhelos siguen una tónica mucho más inmediata.

Pero fRáGiL no sería para nada lo que es sino fuera porque su sistema sobrenatural ha sido totalmente diseñado desde cero para representar la locura psiónica que cambió el mundo.

También se incluyen nuevos sistemas que permiten generar de forma aleatoria un entorno y las facciones que pugnan por afianzar sus intereses.

Gracias a estos sistemas, los personajes pueden incluso sumirse en pequeñas historias que se realizan entre partidas y que reproducen los eventos cuando estos intentan rapiñar los restos útiles de un mundo destruido.

Para jugar a fRáGiL solamente es necesario el reglamento (en su edición de papel o digital), dados de cualquier número de caras, papel, lápiz, y opcionalmente una baraja francesa que se utiliza con las mecánicas arriba citadas.

Fragilidad

Hay quien piensa que el Sol decidió acabar con la tecnología, pero otras personas son más de la opinión de que fue un ser humano el que activó una bomba que tuvo ese efecto.

Antes de ese apocalipsis existían los trastornos mentales, pero después se produjo la "fragilidad". Parecida a la locura, pero asociada a terribles manifestaciones psiónicas, que pueden dar lugar a los efectos más terribles siquiera imaginables por el ser humano.

Debido a esto, el mundo es como es. Debido a esto, tras el fin de la tecnología, se siguió el fin de las grandes comunidades. De cien mil personas quedó solo una, y esa persona está en un grave peligro: da igual que sepa manejar un hacha o tenga una pistola, porque nadie está atento a todo las veinticuatro horas del día, y el peligro acecha constantemente. Cada día. Cada hora. Cada minuto. Cada segundo.

Tic-tac. Tic-tac. Tic-tac…

Violencia

Con el fin de la tecnología, se acabó todo. Todo el mundo se mata con lo que tiene a mano, y si bien las armas rescatadas del viejo mundo son las favoritas, al final da igual con qué se haga una persona: se considera un arma cualquier cosa que mate a tus oponentes.

Mucho más raras son las armas de fuego, pues exigen un mantenimiento que no está a disposición ni de los más afortunados. Desprovistas de mantenimiento, más bien tienden a dejar de funcionar o a explotar en la mano. Por no hablar de que aquí no existe la bandana de munición infinita.

Por todo ello, se puede decir que la Edad Media ha vuelto al mundo. Vivimos en la mierda, apenas hay acceso al conocimiento, y todos los supervivientes del EMP, o están locos, o cagados de miedo.

Religión

Cualquier asomo de religión está mezclado con la “fragilidad”, y por lo tanto es una perversión de lo que se pudiera conocer antes. Aunque tuvieran su base en el catolicismo, el islam, el odinismo o el pastafarismo; tras el apocalipsis solo quedan charlatanes que intentan convencer a todo el mundo de que se una a su congregación, diciéndoles que oyen la voz de su Dios.

Y es bastante posible que así sea…

No subestimes las comunidades religiosas. Si hay algo más peligroso que un puñado de locos armados, es un puñado de locos armados fanáticos. ¿Quieres un consejo para cuando te topes con ellos?

Corre.

fRáGiL es un mundo hecho mierda, pero al menos está bajo una licencia CC-BY-SA.

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Tu mundo también es una mierda, y ni siquiera tiene una licencia libre.